¿Qué son las smart cities?

La aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) a las ciudades se viene haciendo desde los orígenes del desarrollo tecnológico y ha sufrido diferentes fases, conforme las innovaciones se han convertido en productos y servicios aprovechables. La denominación de esa aplicación también ha cambiado al hilo de esas fases. Lo que durante un periodo de tiempo fue la ciudad digital ahora ha pasado a denominarse smart city o ciudad inteligente. Pero, ¿qué son las smart cities? Son ciudades inteligentes o ciudades en las que se han aplicado de forma significativa soluciones basadas en las TIC para ser más sostenibles, eficientes, cómodas, interactivas y seguras.

El concepto de smart cities es relativamente reciente y tiene una fuerte componente de marketing. Al igual que otras aplicaciones del Internet de las Cosas, las smart cities requieren un conjunto de dispositivos, sensores, redes de comunicaciones, capacidad de almacenamiento y de procesamiento, y plataformas de gestión de soluciones que permitan mejorar la prestación de los servicios de la ciudad. En concreto, destacan por su importancia los sensores y los actuadores, que estarán desplegados a lo largo y ancho de la ciudad. Los sensores cuentan con una gran capacidad de adquisición de datos, que luego son enviados mediante redes de comunicación fijas o inalámbricas (básicamente los sistemas M2M -Machine to Machine-) hasta una plataforma central que requiere una capacidad de almacenamiento y procesamiento adecuada, lo que implica la aplicación de tecnologías de big data. Dicha plataforma genera información útil y órdenes que son remitidas a otros dispositivos, como los actuadores. La amplia gama de tecnologías que se emplean en las smart cities hace imprescindible el desarrollo de estándares y de normas que faciliten la operación conjunta de plataformas, sistemas y dispositivos.

Desde el punto de vista de las aplicaciones, que se apoyan en la utilización intensiva de las TIC, las posibilidades que ofrecen las smart cities son infinitas: servicios públicos, gestión del suministro y consumo de energía o de agua, mejora del transporte y la movilidad, seguridad ciudadana y protección civil, edificios de oficinas y residenciales inteligentes, creación de un entorno favorable para los negocios y la actividad económica de alto valor añadido, gobierno de la ciudad o transparencia y participación ciudadanas. Todas estas aplicaciones son una muestra de cómo una ciudad tradicional se transforma en una ciudad inteligente y deben tener también como elementos fundamentales la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y la sostenibilidad y el respeto a los aspectos medioambientales.

La rápida y global expansión de los dispositivos móviles inteligentes (smartphones, tabletas, etc.) en manos de los ciudadanos supone una oportunidad para relacionarlos con las smart cities y poner al alcance de las personas los nuevos servicios. Las ciudades, por tanto, necesitan evolucionar para acomodarse a las demandas de información y conectividad de los ciudadanos y transformarse en entornos diferentes en los que vivir y trabajar, mejorando la calidad de vida.

Las smarts cities son una gran oportunidad para gestionar de una forma más eficiente el futuro eminentemente urbano de la sociedad, así como para el crecimiento económico gracias a la mejora de la productividad, derivada de la prestación de servicios, y a la capacidad de atracción de talento e inversiones, que antes era exclusiva de las ciudades más grandes y desarrolladas. Además, el suministro de los nuevos servicios en las ciudades implica la participación de muchos agentes de diferente naturaleza y perfil, que juegan distintos papeles y que suponen la creación de un tejido empresarial de alto valor añadido y la generación de nuevas oportunidades de negocio. Todo ello potencia a las ciudades e impulsa su imagen, lo que facilita la citada atracción de talento y de inversiones.

Dado el grado de innovación y de puesta en marcha de soluciones (sensores, comunicaciones, sistemas de big data, etc.) que requieren las smart cities, la financiación necesaria para su desarrollo se convierte en un aspecto esencial. La magnitud de esas inversiones necesarias, así como la necesidad de mantenerlas de forma sostenida en el tiempo, hacen imprescindible utilizar modelos basados en la colaboración entre lo público y la iniciativa privada. Esos modelos y el propio diseño y desarrollo de una ciudad inteligente son distintos en cada caso. No hay un único tipo de smart city y cada ciudad puede ser más eficiente y sostenible con distintas soluciones a medida de sus necesidades.

Las smart cities se constituyen así como una gran oportunidad para que las TIC acerquen las ciudades a las personas y las humanicen, haciéndolas más eficientes, más comunicadas y mejores para vivir, trabajar, participar y relacionarse. En definitiva, ponen la ciudad al servicio de las necesidades diarias de los ciudadanos a través de las TIC.

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