¿Qué es la innovación social?

El concepto de innovación está de moda. Muy asociada al desarrollo, a la mejora de la economía o al incremento de la eficiencia y rentabilidad de las organizaciones o empresas, la innovación tanto en productos como en procesos es considerada como una necesidad en el mundo del siglo XXI. La innovación tiene una fuerte relación con la tecnología, aunque presenta otras muchas vertientes. Una de ellas es la innovación social. Pero, ¿qué es la innovación social? Este tipo de innovación se refiere a un proceso de creación, imposición y difusión de nuevas prácticas sociales en distintas áreas de la sociedad. En general, tiene una relación directa con la búsqueda de soluciones para problemas y desafíos de la sociedad, lo que a menudo implica nuevas formas de comunicación y cooperación. Lo más difícil es precisar lo que hace que una innovación sea social. El criterio clave es si genera un beneficio o bien para la sociedad y cómo se puede definir y medir ese bien. Algunos expertos extienden este concepto hasta el de innovación responsable, que es aquella que realiza una aportación positiva al trinomio de factores económico, social y ambiental.

Desde un punto de vista más empresarial, la innovación es un proceso normalmente asociado a la creación o mejora de productos o servicios. Sin embargo, también es aplicable a otros aspectos: la reinvención de los procesos de negocio, la creación de nuevos mercados o los cambios en el uso de los canales de distribución. Por extensión, la innovación social pretende diseñar y poner en marcha mejores maneras de cubrir necesidades sociales cambiantes a lo largo del tiempo.

Realmente, ¿quién hace innovación social? Existe una gran diversidad de agentes que promueven la innovación social. Por un lado se encuentra el sector tradicional de entidades sin ánimo de lucro, organizaciones sociales y ONGs, con mucha experiencia en las temas sociales y acostumbrado a resolver los problemas que se plantean, pero que históricamente carece de un sistema que promueva de forma activa la innovación y de recursos humanos especializados, que debe centrarse en los problemas urgentes a los que se enfrenta y al que no le sobran los recursos, sobre todo en el clima económico actual que genera una mayor necesidad y demanda de servicios sociales y, con ello, de innovación social.

Algunos Gobiernos y Administraciones han iniciado también el camino de la innovación social para implicar al resto de agentes y provocar el mayor impacto posible en la sociedad. En la mayoría de los casos pretenden construir una sociedad innovadora en todos los ámbitos, en la que los ciudadanos vivan los valores asociados a la innovación y adopten nuevos comportamientos y actitudes para la mejora de su calidad de vida. Tratan, en definitiva, de fomentar un cambio cultural que potencie valores vinculados a la educación, la igualdad, la diversidad, la participación o la responsabilidad social de las organizaciones. En este apartado se pueden incluir a las entidades supranacionales, como por ejemplo la Comisión Europea, que intentan impulsar la innovación social y que la definen como “nuevas ideas que simultáneamente satisfacen las necesidades sociales y crean nuevas relaciones o colaboraciones sociales”. Esas ideas son sociales tanto en los resultados como en los medios y pueden generar innovaciones genuinas o soluciones mejoradas de las ya existentes.

Finalmente están las empresas, que son cada vez más reconocidas como actores en la innovación social. Tienen cultura de innovación, el conocimiento, los recursos y los medios para desarrollar nuevos productos y nuevas necesidades, pero carecen muchas veces de la experiencia que pueden aportar los procesos de innovación social abierta y participativa para adaptar los productos y servicios a las necesidades y capacidades reales de los ciudadanos. El recorrido de las empresas en la integración de la responsabilidad social en sus acciones de innovación y en el desarrollo de productos y servicios de valor e impacto social es todavía muy grande.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son en la actualidad uno de los principales motores de la innovación social y ofrecen un gran potencial para encontrar soluciones a problemas que dificultan el crecimiento económico y para reducir la pobreza. Así, por ejemplo, Internet ofrece grandes posibilidades para combatir el aislamiento y unir a personas con características diferentes con el objetivo de lograr un fin común; la telefonía móvil y los smartphones son herramientas de cambio y de mejora de la calidad de vida de los más desfavorecidos y de apoyo a su integración social; las aplicaciones para dispositivos móviles pueden contribuir a aumentar el nivel de vida y la seguridad de los habitantes de los países en desarrollo; o las redes de comunicación permiten la puesta en marcha de forma rápida y ágil de actuaciones de ayuda tras situaciones de emergencia (terremotos, inundaciones, hambrunas, etc.). Además, las TIC no sólo rompen las barreras al conocimiento, permitiendo el acceso a la información, sino que también posibilitan la participación de individuos y colectivos tradicionalmente aislados, favoreciendo la acción colectiva y la creación de nuevas oportunidades económicas. Para todo ello es importante trabajar en campos como la solución de la brecha digital y repensar las formas tradicionales de cooperación para el desarrollo.

En esta intersección entre innovación social y TIC hay otros muchos campos de actuación en esta etapa del siglo XXI: la protección de los niños, de sus derechos y de su privacidad en el mundo digital en su condición de nativos digitales, la inclusión digital en temas como educación o economía o en zonas remotas, el apoyo y la integración social de personas con discapacidad, el apoyo a las actuaciones de voluntariado, la erradicación del trabajo infantil, o la alfabetización digital. Las organizaciones sociales y las empresas trabajan en todas ellas tratando de mejorar el mundo y la vida de los habitantes del planeta.

En resumen, la innovación social tiene múltiples facetas y, apoyada por las inmensas posibilidades de las TIC, promueve el desarrollo de las sociedades, apoya a todos los colectivos e intenta eliminar cualquier barrera geográfica, económica, social, educativa o debida a una discapacidad que se pueda presentar y que dificulte dicho desarrollo. Más allá de la innovación tradicional en productos y servicios y en procesos, la innovación social es una herramienta para hacer el nuevo mundo digital más humano y más accesible.

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