¿Qué es la brecha digital?

El extraordinario desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que se ha producido en los últimos años ha puesto en manos de todos los perfiles de usuario un amplio abanico de dispositivos y de servicios de voz, imágenes, datos y otros contenidos. Pero por diferentes razones no todos los usuarios están en condiciones de acceder a ellos. Surge así el concepto de brecha digital. Pero, ¿qué es la brecha digital? Se trata de un término que es equivalente al “digital divide” inglés y que refleja la histórica carencia de infraestructuras y equipamiento de telecomunicaciones (inicialmente relativas al teléfono fijo) en los países en vías de desarrollo o emergentes. Esa carencia divide o separa a los ciudadanos y a la sociedad en dos partes (los conectados y los no conectados), lo que impide a estos últimos usar las TIC como parte de su vida cotidiana y obtener sus beneficios. La brecha hace referencia, por tanto, a aquellos que no tienen acceso a las TIC y a aquellos que aunque las tengan no saben cómo utilizarlas.

Con la llegada al mercado de nuevos servicios, aplicaciones y dispositivos, el concepto de brecha digital se ha ido ampliando a todos ellos. Conforme la brecha se va reduciendo en los primeros servicios que surgieron, la mayoría de los siguientes (telefonía móvil, acceso a Internet, banda ancha, etc.) han ido naciendo en general con una brecha digital asociada, que tiene que ver con el coste y la disponibilidad de dispositivos y terminales o de acceso a dichos servicios. Cuando empezaron a difundirse la TIC se pensaba que la brecha digital se superaría con el tiempo, gracias a que los ciudadanos tendrían cada vez más facilidades para conseguir los terminales y servicios, pero con el paso del tiempo las desigualdades se mantienen en algunos casos, se amplían en otros y a veces adoptan nuevas formas.

El concepto inicial de brecha digital, relativamente sencillo, ha ido adquiriendo muchos matices. Uno de ellos es el que se refiere al análisis de las diferencias, sobre todo de uso, de las nuevas tecnologías en función del sexo (género), minoría o zona geográfica. En determinados entornos puede haber mucha diferencia entre el uso de las TIC entre mujeres y hombres o entre los miembros de diferentes minorías, razas o etnias que pueden vivir en un más país. Además, el concepto viene siempre referido a una comparativa: países desarrollados frente a emergentes, mujeres frente a hombres, etc. Hay brecha entre unos países y otros o entre un sexo y el otro. La medida de la brecha entre países se basa en indicadores como los ciudadanos con acceso a Internet, el número de ordenadores en los hogares, la conectividad digital de las empresas o el número de usuarios de la banda ancha móvil. La brecha de género, a veces denominada también brecha social, tiene mucho que ver con el alto precio de los dispositivos y con el status que suponen, que en general se asocia con los hombres.

También se habla de brecha digital en el caso de colectivos específicos, como el de las personas con discapacidad, que normalmente tienen más problemas para acceder a las TIC que el resto de los ciudadanos, o en el caso de las pequeñas y medianas empresas (pymes), que cuentan con menos recursos para disponer de las TIC más avanzadas como muchas de las grandes empresas.

El término opuesto al de brecha digital es el de inclusión digital. Esta inclusión, lo que equivale a reducir o acabar con la brecha digital, es una de las prioridades de los organismos internacionales, los Gobiernos, las institucionales y la sociedad en general. Básicamente se contemplan dos tipos de acciones para mejorar la inclusión o cerrar la brecha: las inversiones en infraestructuras y la alfabetización de los ciudadanos. Las inversiones pueden ser públicas o privadas, aunque dada la magnitud económica necesaria la clave está en la colaboración público-privada. Esas inversiones requieren también que el marco jurídico (que incluye leyes, normativas, permisos, derechos de paso, etc.) sea favorable para su aplicación en los distintos países o zonas geográficas.

El apoyo a la educación es también fundamental. Una parte importante de la brecha digital tiene que ver con la falta de habilidades o competencias digitales de segmentos de la población, especialmente de los ciudadanos de más edad, lo que impide el manejo de herramientas TIC, el acceso a servicios de telecomunicación y consecuentemente el disfrute de los beneficios que llevan asociados. Estos conocimientos son también muy importantes para la relación entre Gobiernos y ciudadanos. Mejores conocimientos de los ciudadanos implican mayores posibilidades para la utilización de los servicios de la Administración Electrónica, que los Gobiernos están impulsando en todo el mundo.

Algunos autores consideran que las desigualdades que se producen en el acceso a equipamientos son una primera brecha digital, mientras que las diferencias en la utilización y la comprensión de las que ya se encuentran al alcance de los ciudadanos suponen una segunda brecha. Por ello, todo lo relacionado con la educación o alfabetización en las TIC es fundamental para eliminar un obstáculo al desarrollo como es la brecha digital.

Finalmente no hay que olvidar que las TIC pueden incluir el germen de la solución. Por ejemplo, la creciente difusión y popularización de los smartphones, y en algunos casos la aparición de modelos de precios asequibles, están ayudando al acceso y a la utilización masiva de los nuevos servicios y, con ello, a reducir la brecha digital. Es un avance. Y quizás un gran avance en el camino hacia la inclusión total.

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