¿Qué es el coche conectado?

La convergencia entre Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y coches se ha venido produciendo en los últimos años de forma progresiva. Lo que hasta hace poco eran dos mundos y dos industrias totalmente separadas empiezan a ir cada vez más de la mano. Pero, ¿qué es el coche conectado? Es un concepto que hace referencia fundamentalmente a la consideración del coche como un dispositivo más que se integra en las redes de comunicación, pero el concepto se extiende también al uso de las TIC dentro del vehículo y en el futuro lo hará a los vehículos de conducción autónoma.

Partiendo de un coche sin ningún tipo de comunicación hasta hace relativamente poco, y que era uno de los pocos entornos que no estaban conectados a Internet en la vida diaria, las plataformas de conexión y la conectividad empiezan a verse con mayor frecuencia en más marcas y modelos, tendencia que se acelerará en los próximos años para acercarse a la casi totalidad de los vehículos, lo que hará crecer de forma exponencial las comunicaciones y el tráfico de datos que entra o sale de ellos.

La etapa actual del coche conectado trata de integrar los dispositivos móviles (smartphones o tabletas) y las aplicaciones existentes con la conectividad del vehículo. Entre esas aplicaciones, que ya se pueden gestionar por voz, se encuentran las que tienen que ver con música, plataformas de correo, tráfico o geolocalización (publicidad de ofertas cercanas al sitio por donde circula el vehículo, ubicación de la familia o de los amigos del conductor, etc.). Conectividad, seguridad, información, entretenimiento y servicios de navegación son por tanto las bases de esta etapa, que el usuario valora cada vez más y que se han convertido en elementos fundamentales a la hora de elegir un coche.

Un punto importante es la tarificación de las comunicaciones, sobre todo en función de cómo evolucionen los modelos de conectividad. Unos fabricantes apuestan por una conexión específica para el coche, otros por enlazar el vehículo a la conexión del dispositivo móvil y finalmente algunos optan por una fórmula mixta. La necesidad de movilidad (con aspectos esenciales como el roaming) y de banda ancha pueden hacer los costes inasumibles para el usuario, si no es establecen tarifas o planes específicos.

La mayoría de las marcas de automóviles están sumándose a esta etapa y estableciendo alianzas y acuerdos con las grandes empresas y operadores del mundo TIC. Gracias a las nuevas tecnologías los fabricantes se benefician de una relación más intensa con el usuario y de un mayor nivel de fidelización. Este disfruta más de su experiencia con el vehículo, gracias a posibilidades como la monitorización continua del estado del automóvil. Todo ello sin olvidar los aspectos de seguridad. La integración de las TIC en los coches no debe suponer una disminución de la seguridad, sino que debe, por ejemplo, contribuir también a evitar las distracciones de los conductores.

Pero la verdadera potencialidad del coche conectado se producirá cuando cada vehículo sea capaz de comunicarse con otros y con los elementos de la infraestructura de calles y carreteras. Así podrá recibir información en tiempo real, más precisa y anticipada, sobre fenómenos meteorológicos, accidentes, situación en cruces o puntos sin visibilidad, etc., que complementará la que ya le llega por medios más tradicionales. Esto hará la conducción más segura, ahorrará tiempo y reducirá el consumo de energía. Los sistemas que permitirán esa conectividad se irán integrando de forma progresiva en los nuevos coches que se pongan en el mercado y es posible que aparezcan soluciones para los vehículos que ya están en circulación. En este terreno van a tener mucha importancia los estándares que permitan la comunicación entre todos los elementos relacionados con el transporte y la conducción, así como la regulación que debe satisfacer a autoridades, fabricantes, proveedores y usuarios y permitir una forma de conducción que debe llevar en el futuro a la conducción autónoma.

Aunque es muy difícil predecir hacia donde evolucionará a medio plazo el coche conectado, la siguiente etapa podría centrarse en conseguir la conectividad completa del vehículo, por ejemplo con tecnología 4G, de forma que se convierta en un punto WiFi, lo que permitiría la conexión de cualquiera de los pasajeros a Internet, el uso de streaming o la descarga de aplicaciones tanto para temas relacionados con el coche como para otros asuntos de interés de los viajeros. En esta etapa también serán fundamentales las alianzas de los fabricantes con empresas TIC.

Una meta de todas estas etapas es integrar el coche, como un objeto más, en el Internet de las Cosas. Si sensores, dispositivos móviles o electrodomésticos van a estar incorporados en la gran red inteligente de objetos y conectados por conexiones M2M (Machine to Machine), ¿por qué no lo va a estar el coche? Algunos análisis estiman que a medio plazo la industria del automóvil hará uso de miles de millones de conexiones M2M, sobre todo para temas de postventa y para su inclusión en el propio vehículo.

Otro aspecto importante de la conectividad del automóvil tiene que ver con la seguridad. Un ejemplo muy ilustrativo es el que propone la Unión Europea para la comunicación en casos de emergencia. Se trata del eCall, un sistema de llamadas de emergencia que debe mejorar el tiempo de respuesta de los cuerpos de emergencia y servicios médicos en caso de accidente. El sistema será obligatorio en los automóviles y servirá para avisar de forma automática en caso de emergencia o accidente, contribuyendo de forma decisiva a salvar vidas.

Un caso particular y ya utilizado de aplicaciones TIC al mundo del automóvil es el que, a partir de la captura y el análisis del comportamiento de los usuarios en la conducción, permite a las compañías de seguros ofrecer planes personalizados para cada individuo, basados en sus riesgos, y reducir el fraude. Además, mejora la seguridad y hace posible una mejor asistencia en carretera, avisando por ejemplo de forma automática en caso de avería.

Las incógnitas que se abren en el mundo del coche conectado son muchas, como la necesidad de adaptarse a las constantes innovaciones tecnológicas que irán surgiendo en muchos campos, la diferencia de ciclo de vida de los productos (cinco años de media en un coche, frente a dos de un smartphone), los sistemas operativos que harán el papel de corazón de los vehículos, la conversión de este tipo de coches en una plataforma para las marcas y la publicidad, la tarificación de las comunicaciones en un vehículo en movimiento que precisa conexión en banda ancha, la necesidad de cambiar el modelo de comercialización de coches y el perfil de los profesionales de venta, etc. Esas incógnitas contrastan con todas las posibilidades que se abren para el mundo de la conectividad y de las aplicaciones para vehículos y que deben llevarnos, en un periodo más corto de lo que pensamos, a coches totalmente conectados y autónomos.

El coche conectado supone también una importante oportunidad económica para los fabricantes y para las de servicios, muchos de los cuales serán nuevos y tendrán que ver con la enorme cantidad de datos útiles que se generarán y que se tratarán con las tecnologías de big data.

En el universo del coche conectado todavía queda mucho por recorrer con ese objetivo final de vehículos que conduzcan solos. Y se trata de un camino y de un proceso ya iniciado y que, por las demandas de los usuarios y por los intereses de la industria y de los proveedores de servicios, no se puede parar. Como citan algunos estudios, el coche conectado ya no es una opción, sino una necesidad y una gran oportunidad para la industria del automóvil.

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